lunes, 14 de noviembre de 2011

'El arte de amar'

¿Sabemos amar? ¿A quién no le gusta ser amado? Ya sea a la pareja, padres, hermanos o amigos, el amor es una manifestación omnipresente. Acabo de leerme un clásico entre los lectores: ‘El arte de amar’, del psicólogo alemán Erich Fromm. He utilizado el adjetivo ‘clásico’ y muchos pensarán que será aburrido, pues los menos advenedizos en la lectura suelen asociar ambas palabras como hermanas. Craso error. Los clásicos perduran a lo largo del tiempo porque se narra la vida de las personas. Se intenta comprender su significado a través del desenvolvimiento de unos personajes que muchas veces nos succionan en su mundo; otras veces solo buscamos una distracción pasajera para que el trayecto del metro sea más llevadero todos los días; otras veces, dan unas inmensas alas a nuestra imaginación (lo cual no es pecado como muchos cínicos se empeñan en afirmar con porfía, sino que es parte de la existencia humana). Algunos incluso llevan adrede una moraleja de la cual se puede aprender algo. O no, según la opinión de cada lector. Tras acabar la lectura de un libro, siempre nos queda algún pensamiento o sensación, un poso que marca la diferencia entre el yo que abrió la primera página y el yo que acaba de leer el punto y final de la obra.

Aunque esta obra nació hace más de medio siglo (que tampoco es tanto tiempo), su vigencia es notoria. Podría alabar el libro por aquí y por allá. Adoptar un tono melindroso que conseguiría fácilmente, pues el Amor se presta a ello. Además, como me ha dejado buen sabor, mi visión crítica se diluiría conforme llenase líneas en este espacio. Sin embargo, mi intención es despertar, por pequeño que sea, un ápice de curiosidad a quienes no hayan tenido la oportunidad de leerlo.

Quienes esperan encontrar un ‘manual del amor’ que se desengañen desde ya. El propio autor advierte en su prólogo desde la primera frase que su intención no es esa, sino la de “convencer al lector de que todos sus intentos de amar están condenados al fracaso, a menos que procure, del modo más activo, desarrollar su personalidad total, en forma de alcanzar una orientación productiva; y de que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina”.

Algunos pensarán que no necesitan que ningún libro tenga que darle lecciones sobre el amor; y mucho menos uno de psicología. Como se tiene también la fea costumbre de estigmatizar todo lo desconocido, desecharán rápidamente leerlo alguna vez.

Yo (empleo el pronombre personal aposta) invito a todos aquellos que tengan la curiosidad y la voluntad de aprender sobre el amor, que lo lean. Sin miedo. Uno puede acabar adorándolo, aplicando lo que se ha leído a la vida de uno mismo, o aborreciéndolo, menospreciándolo, ignorándolo o, incluso en el peor de los casos, olvidándolo. Pero lo que yo (ibíd.) sí que puedo asegurar es que no dejará a uno indiferente.


P. D.: Seleccionaría un par de frases magníficas y bellas que he encontrado en la lectura para picar la curiosidad, pero son tantas… ;)

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