lunes, 24 de octubre de 2011

El desfase del turrón


Hemos pasado de un verano que parecía sempiterno a un invierno puro de un empujón sin una mínima transición de otoño. Hace dos semanas podía ir en manga corta y prescindir de mis calcetines si me ponía unas bailarinas, y hasta hace dos días, las terrazas seguían poblando las aceras de toda la ciudad sin que hubiese una gran diferencia al mes de julio. Pero vamos a ver, las mandarinas aún están caras, ¿qué pintan los turrones y mazapanes en los supermercados? ¡Oh, Dios  mío!

Si nos volvemos locos ahora comprando el turrón, los mazapanes y los polvorones, ¿qué vamos a comer en diciembre, torrijas? Menudo desfase. Creo que la primavera que viene me tomaré un helado mientras me cae alguna gota fría encima. 
Y luego me acusan de aguafiestas porque no me gusta la navidad. Matizo: me gusta la navidad. Es una de las temporadas en que Madrid está más bella, sobre todo por la decoración luminosa RECICLADA de las calles principales (las espirales, las palabras colgadas que no tienen absolutamente nada que ver con la de al lado o, (mis favoritas) las manchas psicodélicas que todo el mundo se empeña en interpretar como si se tratasen de cuadros surrealistas cuando en realidad no son más que manchas), comer castañas asadas recién hechas, o tomar un chocolate caliente mientras ves cómo el vaporcillo de tu respiración se volatiliza en la oscuridad. Lo que es anormal es encontrar unos turrones con aires mayestáticos donde antes estaban las latas de conserva y que tengas que dar una vuelta entera por todo el supermercado en busca de una lata de atún.

La navidad ya está aquí, sí. Y también va para largo. Cuando sea carnaval, aún tendremos estos turrones en las estanterías porque estarán de oferta 2x1 para acabar con el stock. Y después, de vuelta al sempiterno verano. ¿Dónde están las hojas cobrizas de los castaños? ¿Y noviembre? ¿Y las latas de atún? ¿Ya es Semana Santa? ¿En qué estación estamos?