jueves, 28 de julio de 2011

Saludo español

Una de las costumbres españolas más bonitas es el saludo. Sí. Este gesto tan cotidiano y simple significa, además de su significado obvio, la estimación, el cariño o la importancia que la otra persona representa para nosotros. En un breve instante nos informamos del estado anímico y nos interesamos en las vidas del otro empezando con dos besos en las mejillas.

Hoy tenía una comida con las compañeras del trabajo. Era la primera vez que me quedaba a comer con ellas. Me quedé para celebrar el inicio de las vacaciones de verano y, de paso, conocernos mejor más allá de las paredes de la oficina. Mis compañeras tienen la costumbre de comer en el mismo restaurante cada jueves. Con curiosidad por conocer ese lugar tan habitual para ellas pero tan novedoso para mí, caminamos bajo el tórrido sol madrileño unas manzanas.

Nada más entrar al restaurante hubo un alboroto de origen desconocido que exaltó a todos los hombres. Se pusieron a aplaudir efusivamente entre vítores como si fuésemos famosas con escotes generosos pisando la alfombra roja. Me quedé tan estupefacta ante tal bienvenida que no supe muy bien qué cara poner. O son unos señores verdes muy salidos o de verdad existe una sincera relación afable entre ellos. Menos mal que era lo segundo. No hubiese sido capaz de disimular mi repugnancia cada jueves. Todo eran ‘holas’ y besos por aquí y por allá, carcajadas bien sonoras y piropos lanzados sin destinataria concreta. Con los ojos como platos, mi azoramiento y yo buscamos nuestra mesa reservada con cierta avidez. Si se hubiese levantado algún señor desconocido a darme dos besos no hubiese sido una actuación rara en este contexto.

Sin embargo, esto parecía un banquete. La comida, de ración generosa, era deliciosa, como si se comiese en casa de la abuela. Los camareros eran encantadores, como si fuesen mulatos que sirven cócteles en las piscinas de hotel de cinco estrellas. Fue una primera impresión que me dejó muy sorprendida porque en un sitio reducido, modesto y familiar corroboré esta estupenda costumbre. Y todo empieza por darse dos besos en las mejillas. Muaks, muaks.

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