miércoles, 29 de junio de 2011

Cuatro Cuartetos (II) - T. S. Eliot

Ajo y zafiros en el fango
se cuajan en el eje atascado.
El cable vibrante en la sangre
canta bajo cicatrices nunca envejecidas
apaciguando largas guerras olvidadas.
El baile a lo largo de la arteria
la circulación de la linfa
están cifradas en la deriva de las estrellas
ascienden al verano en el árbol
nos movemos en torno al árbol móvil
en luz sobre la hoja cifrada
y oímos sobre el empapado suelo
de abajo, al perro y al jabalí
prosiguiendo su ordenación como antes
pero reconciliados entre las estrellas.

En el punto fijo del mundo giratorio. Ni carnal ni sin
            carne;
ni desde ni hacia; en el punto fijo, allí está la danza,
pero ni detención ni movimiento. Y no lo llaméis fijeza,
donde se reúnen pasado y futuro. Ni movimiento desde
            ni hacia,
ni subida ni bajada. Excepto por el punto, el punto fijo,
no habría danza, y sólo está la danza.
Sólo puedo decir, ahí hemos estado; pero no puedo decir
            dónde.
Y no puedo decir cuánto tiempo, pues eso es situarlo en
            el tiempo.
La libertad interior respecto al deseo práctico,
el quedar desprendidos de acción y sufrimiento, desprendidos
            de las compulsiones
interiores y de las exteriores, pero rodeados
por una gracia de sentido, una luz blanca quieta y
            móvil,
Erhebung* sin movimiento, concentración                               (*elevación) 
sin eliminación, habiéndose hecho explícitos
tanto un nuevo mundo como el viejo, entendidos
en el complementario de su éxtasis parcial,
la resolución de su horror parcial.
Pero el encadenamiento de pasado y futuro
tejido en la debilidad del cuerpo cambiante,
protege a la humanidad del cielo y la condenación
que la carne no puede soportar.
              El tiempo pasado y el tiempo futuro
no permiten más que un poco de conciencia.
Ser consciente no es estar en el tiempo
pero sólo en el tiempo es como el momento de la rosaleda,
el momento en la arboleda donde golpeaba la lluvia,
el momento en la iglesia con corrientes, al caer la niebla,
pueden ser recordados; entretejidos con pasado y futuro.
Sólo a través del tiempo se vence al tiempo.

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