miércoles, 13 de abril de 2011

El verdadero valor de 1,35€

Había inaugurado un libro obligatorio de una asignatura para conocer qué hallaría en él cuando entró mi madre con una carta para mí. Era del Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid. Dicho coloquialmente, de la gente que fabrica los abonos mensuales. Contexto: había perdido mi abono hace una semana aproximadamente y solicité uno nuevo. Fin del contexto.

Abro la carta. Lo primero que saco es el plástico. Observo. Esta foto me suena. Escudriño con afán como si dicho trozo de plástico no me estuviese revelando toda la información que espero encontrar en ella. Al final me doy cuenta de mi absurda vacilación y entro en razón. Es el abono que había perdido. Al principio, me alegro un montón porque ya había consumido dos metrobuses con tal rapidez que me veía arruinada por comprar un billete cada semana, sin tener en cuenta que hacía trayectos andando. Continúo. Mi alegría aumenta más rápida que la espuma de la cerveza; ya no hace falta seguir desembolsando 9,30 €. No obstante, después caigo en la nueva solicitud. ¿Entonces me enviarán otro? No creo. Me han devuelto el anterior. Deducción siguiente: entonces, ¿qué pasa con el 1,35€ que pagué por hacerme uno nuevo?
¡Qué tontería! He recuperado mi abono extraviado. 'Han tenido un gesto cívico conmigo'. Pero esa aparente y nimia cantidad de dinero que he pagado, ¿no me la devuelven? Soy consciente de que la anterior frase suena a una persona ruin. En cambio, no creo que sea así. Arguyo:
- El abono mensual ya está pagado. Es MI abono, por lo tanto, es el deber del consorcio devolverme un billete por el que ya he pagado.
- Si son capaces de devolverme mi abono, ¿qué les impide devolverme el dinero? ¿Por qué se lo quedan?
- 'Anda, ¿cómo te van a devolver eso?' Pues, por ejemplo, en billetes sencillos.
- ¿Dónde reclamas? ¿Qué haces? Pues, de momento, aguantarme. Podría caer en calificativos vulgares, pero intento evitarlo. No me atrevo a afirmar categóricamente, pero no he oído nunca que te devuelvan el dinero por ello.
- 'Ya, pero que es solo un euro y pico'. Ya lo sé. Sé perfectamente el dinero que he entregado. Pero un euro mío, otro tuyo, otro euro del vecino y otro del señor que pasa con su perro, pues ya hacen 4€ que se han quedado sin justificación alguna. ¿Qué derecho les da a ellos de apropiarse de un dinero por un servicio que no realizan? O me dan un nuevo abono (cosa que ya no tendría sentido) o me lo reembolsan porque tienen mi dirección. Si no utilizan la dirección del titular para este tipo de casos, no entiendo para qué quieren los DNI y los códigos postales de la gente.

Aún así, lo cómodo y lógico es no protestar y conformarse y, encima, agradecer que te hayan devuelto un abono que te pertenece por completo y que la única pérdida que hayas tenido sean los dos metrobuses que has tenido que pagar a pesar de haber pagado por un billete mensual (a ver cómo justificas que tenías un abono. Con el tiquet, sí ¿y la tarjetita de color?) y haber perdido en todo este trámite un euro y pico.


sábado, 9 de abril de 2011

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (5/5)

Llegó el Hada.
Volvía con su dorado canastillo. En él brillaban solo cuatro dádivas porque faltaba la Muerte. Y el Hada explicó la razón de ello:
- La he entregado a un niño que acaba de nacer. Era el amor más grande de su madre. Como el niño no podía elegir, me pidió que eligiese yo por él. Lo mismo hubiera hecho contigo de tener tú la confianza en mi sabiduría.

- ¿Y entonces qué me resta? - preguntó el hombre.
- Lo que, en verdad, has merecido: la grotesca injuria de la vejez.

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (4/5)

- Vuelve a elegir.
Era la voz del Hada. 

- Me quedan dos presentes que ofrecerte. No te aflijas. Todavía puedes elegir el más precioso. Nadie se lo ha apropiado.

- Venga, la Riqueza, que es poder - gritó el hombre-. Sí; venga a mí la Riqueza. Debí estar ciego cuando no la elegí desde el primer instante. Ahora tendrá la vida para mí algún significado. Ahora la vida será digna de vivirla. Derrocharé el oro, dispararé mis bienes, deslumbraré con mis pedrerías. Los miserables gusanos que se burlaban de mí y me despreciaban, tendrán que adorarme desde el cieno en que se arrastran. Y me gozaré de su humillación. Tendré todas las comodidades del lujo, todos los placeres, todos los goces del espíritu y todas las satisfacciones de la carne. Compraré, sin regateos, la deferencia, el respeto, la estimación, los honores y, en suma, todo el oropel que lanza al mercado social la humanidad estúpida. Ciertamente he perdido mi tiempo antes de ahora. Elegí siempre desatinadamente, sin duda, por mi falta de experiencia. Hoy es otra cosa.

Tres años más tarde, el hombre se estremecía de frío y de hambre en una sórdida buhardilla. Estaba flaco, descolorido, ojeros y en harapos. Mientras roía un mendrugo, musitaba:
- ¡Malditos sean mil veces los dones de la vida!... Todos ellos son una cruel burla y doradas mentiras. ¿Los llamé dones? Hice mal; no son dádivas, sino simples préstamos usurarios: Placer, Amor, Gloria y Riqueza son, en suma, los disfraces temporales de estas cuatro realidades eternas: Dolor, Desengaño, Oprobio y Miseria. El Hada habló la verdad: en el dorado cestillo solo había una dádiva preciosa, un a dádiva inapreciable... Al lado de ella, todas las demás son inmundas baratijas. ¡Venga a mí ese último presente, a cuya posesión sigue el adormecimiento definitivo del dolor que atenacea el cuerpo, y de las aflicciones y vergüenzas que roen el corazón y el espíritu... ¡Venga a mí esa dádiva postrera!... Estoy cansado y quiero dormir sin tregua.

miércoles, 6 de abril de 2011

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (3/5)

- Elige una tercera vez - le dijo el Hada. Y añadió: - Los años te habrán dado experiencia. Quedan tres dádivas. Pero sólo una de ellas es preciosa. Tenlo presente.


Recapacitó el hombre largo espacio y acabó por escoger la Gloria. El Hada se alejó exhalando un suspiro.

Pasó el tiempo y, nuevamente, volvió a presentarse el Hada a su predilecto. Lo encontró solitario y pensativo, envuelto por la luz gris de un ocaso invernal. Y el Hada leyó en el pensamiento del solitario:


<<Mi nombre llenó el mundo y fue aclamado por todas las lenguas. Pero mi triunfo duró poco. Luego me acometieron, implacables, la envidia, la maledicencia, la calumnia y el odio. Después clavó en mí sus garras el ridículo; el ridículo que es el principio del fin. La última en aparecer fue la compasión, que es el funeral de la fama... ¡Oh, cuán amargo manjar el renombre!... El renombre es un magnífico blanco para cubrirse de lodo en sus comienzos, de vilipendio y lástima en las postrimerías>>.

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (2/5)

Tornó a aparecer el Hada. Sonriendo de un modo enigmático, murmuró:

- Quedan cuatro dones. Te permito elegir de nuevo, siempre que elijas deprisa. Acuérdate que el tiempo vuela y que sólo una de esas dádivas es preciosa.

El joven reflexionó unos momentos y eligió el Amor, sin advertir que de los ojos del Hada se habían deslizado dos lágrimas.
Transcurrieron muchos años.
Una noche, el predilecto del Hada se encontró arrodillado junto a un féretro. El hogar quedaba vacío. Entonces, el hombre se dijo entre sollozos:

- Se han ido uno a uno. Ahora le tocó a ella el turno. Ha devorado todos los dolores. Por cada hora de felicidad que me vendió ese falaz mercader llamado Amor, pagué mil horas de duelo. Y puesto que ella se lleva mi corazón, ¡yo te maldigo, oh Amor!

sábado, 2 de abril de 2011

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (1/5)

En su primavera de la vida, llegóse el hada y le dijo, descubriendo suavemente su cestilla de oro:

- He aquí mi ofrenda. Son cinco bellas dádivas. Pero no puedes apropiártelas todas de una vez. Elige una y deja las otras. Sé precavido y escoge con cautela, pues sólo una de esas dádivas es preciosa.

Las dádivas eran cinco: Gloria, Amor, Riqueza, Placer y Muerte.

- No tengo por qué pensarlo - contestó apoderándose del Placer.
Poco a poco fue averiguando que todo goce es breve y asesino de una ilusión; que al deseo sigue el hastío, y que el deleite huye pronto, haciendo una mueca de repugnancia.
Y el jovenzuelo pensó: "¡Lástima del tiempo perdido!... Si pudiera elegir otra vez, ya sé por lo que me decidiría".