lunes, 28 de marzo de 2011

Mi pelota está en un tejado de París

Estaba tomando un café con mi amiga Rachel en Argüelles para hacer tiempo antes de ir a clase. Hablábamos sobre el día después de la carrera, de otros proyectos que teníamos en mente. No recuerdo muy bien cómo pero (si no es así, que ella me corrija) le dije que me interesaría hacer un máster sobre literatura, entre otras muchas cosas que me gustarían hacer. Y de literatura a profesor de Simbolismo, la pelota cayó en París. Me propuso Rach, "¿Y por qué no vas a estudiar francés a París?" Me quedé atónita. ¿Cómo no se me había ocurrido esa opción? En mi fuero interno sí que quise visitar la ciudad, pero al igual que muchas otras ciudades europeas. como Londres, Lisboa o Praga. ¿Por qué no asocié antes el estudio con el placer?
Miré por enorme ventana del Starbucks. Olía a vainilla y a servilleta húmeda. Los coches pasaban de largo continuamente, los semáforos repetían su serie de colores con exactitud , la gente pasaba con el pelo revuelto en el viento; y yo me tomaba un café sentada... ¿No podría hacer lo mismo en París? Y ya mi voluptuosa imaginación empezó a filmar escenas en la capital francesa... ¿Por qué no? Caminaría por calles que han sido pisadas por los grandes de la literatura 'universal' (aunque según mi profesor de literatura, este término no es correcto en ese contexto): Balzac, Victor Hugo, Flaubert, Mallarmé o mi estimado Baudelaire entre otros escritores legendarios... Me puse a soñar con la famosa ciudad como hizo Madame Bovary en su momento...  Igual, aburrida de estar en un 'pueblo'... Debo admitir que estuve bastante ausente en ese momento. En lugar de preocuparme por el examen tipo test de empresa que tenía en menos de una hora e intentar memorizarme a última hora lo que no había hecho el fin de semana,  mi mente estuvo barajando esa posibilidad AHORA.

Un nuevo camino ha sido allanado por un simple comentario. Estarás contenta, guapa. Ahora se me ha metido en la cabeza irme a París.

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