lunes, 14 de noviembre de 2011

'El arte de amar'

¿Sabemos amar? ¿A quién no le gusta ser amado? Ya sea a la pareja, padres, hermanos o amigos, el amor es una manifestación omnipresente. Acabo de leerme un clásico entre los lectores: ‘El arte de amar’, del psicólogo alemán Erich Fromm. He utilizado el adjetivo ‘clásico’ y muchos pensarán que será aburrido, pues los menos advenedizos en la lectura suelen asociar ambas palabras como hermanas. Craso error. Los clásicos perduran a lo largo del tiempo porque se narra la vida de las personas. Se intenta comprender su significado a través del desenvolvimiento de unos personajes que muchas veces nos succionan en su mundo; otras veces solo buscamos una distracción pasajera para que el trayecto del metro sea más llevadero todos los días; otras veces, dan unas inmensas alas a nuestra imaginación (lo cual no es pecado como muchos cínicos se empeñan en afirmar con porfía, sino que es parte de la existencia humana). Algunos incluso llevan adrede una moraleja de la cual se puede aprender algo. O no, según la opinión de cada lector. Tras acabar la lectura de un libro, siempre nos queda algún pensamiento o sensación, un poso que marca la diferencia entre el yo que abrió la primera página y el yo que acaba de leer el punto y final de la obra.

Aunque esta obra nació hace más de medio siglo (que tampoco es tanto tiempo), su vigencia es notoria. Podría alabar el libro por aquí y por allá. Adoptar un tono melindroso que conseguiría fácilmente, pues el Amor se presta a ello. Además, como me ha dejado buen sabor, mi visión crítica se diluiría conforme llenase líneas en este espacio. Sin embargo, mi intención es despertar, por pequeño que sea, un ápice de curiosidad a quienes no hayan tenido la oportunidad de leerlo.

Quienes esperan encontrar un ‘manual del amor’ que se desengañen desde ya. El propio autor advierte en su prólogo desde la primera frase que su intención no es esa, sino la de “convencer al lector de que todos sus intentos de amar están condenados al fracaso, a menos que procure, del modo más activo, desarrollar su personalidad total, en forma de alcanzar una orientación productiva; y de que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina”.

Algunos pensarán que no necesitan que ningún libro tenga que darle lecciones sobre el amor; y mucho menos uno de psicología. Como se tiene también la fea costumbre de estigmatizar todo lo desconocido, desecharán rápidamente leerlo alguna vez.

Yo (empleo el pronombre personal aposta) invito a todos aquellos que tengan la curiosidad y la voluntad de aprender sobre el amor, que lo lean. Sin miedo. Uno puede acabar adorándolo, aplicando lo que se ha leído a la vida de uno mismo, o aborreciéndolo, menospreciándolo, ignorándolo o, incluso en el peor de los casos, olvidándolo. Pero lo que yo (ibíd.) sí que puedo asegurar es que no dejará a uno indiferente.


P. D.: Seleccionaría un par de frases magníficas y bellas que he encontrado en la lectura para picar la curiosidad, pero son tantas… ;)

lunes, 24 de octubre de 2011

El desfase del turrón


Hemos pasado de un verano que parecía sempiterno a un invierno puro de un empujón sin una mínima transición de otoño. Hace dos semanas podía ir en manga corta y prescindir de mis calcetines si me ponía unas bailarinas, y hasta hace dos días, las terrazas seguían poblando las aceras de toda la ciudad sin que hubiese una gran diferencia al mes de julio. Pero vamos a ver, las mandarinas aún están caras, ¿qué pintan los turrones y mazapanes en los supermercados? ¡Oh, Dios  mío!

Si nos volvemos locos ahora comprando el turrón, los mazapanes y los polvorones, ¿qué vamos a comer en diciembre, torrijas? Menudo desfase. Creo que la primavera que viene me tomaré un helado mientras me cae alguna gota fría encima. 
Y luego me acusan de aguafiestas porque no me gusta la navidad. Matizo: me gusta la navidad. Es una de las temporadas en que Madrid está más bella, sobre todo por la decoración luminosa RECICLADA de las calles principales (las espirales, las palabras colgadas que no tienen absolutamente nada que ver con la de al lado o, (mis favoritas) las manchas psicodélicas que todo el mundo se empeña en interpretar como si se tratasen de cuadros surrealistas cuando en realidad no son más que manchas), comer castañas asadas recién hechas, o tomar un chocolate caliente mientras ves cómo el vaporcillo de tu respiración se volatiliza en la oscuridad. Lo que es anormal es encontrar unos turrones con aires mayestáticos donde antes estaban las latas de conserva y que tengas que dar una vuelta entera por todo el supermercado en busca de una lata de atún.

La navidad ya está aquí, sí. Y también va para largo. Cuando sea carnaval, aún tendremos estos turrones en las estanterías porque estarán de oferta 2x1 para acabar con el stock. Y después, de vuelta al sempiterno verano. ¿Dónde están las hojas cobrizas de los castaños? ¿Y noviembre? ¿Y las latas de atún? ¿Ya es Semana Santa? ¿En qué estación estamos?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Soy estudiante


Mi nueva rutina no me sienta tan mal. Pensé que echaría de menos la anterior, ir a clase todos los días, coger apuntes y trabajar de becaria. Puede que dentro de unos años lo eche de menos, pues mucha gente de mi alrededor repetía una y otra vez como si fuese el jingle de un anuncio que "la mejor vida es la del estudiante". 

Este tópico es, en realidad, una frase valiosa que pasa de largo en todos los oídos juveniles. El aprendizaje no solo está ligado a la asistencia asidua a centro de enseñanza. Aunque no lo parezca, todos somos estudiantes a lo largo de toda nuestra vida, unos más aplicados, otros más díscolos. Se aprende, sobre todo, de los errores: que no puedo andar toda la noche con tacones altos, de no volver a pedirme ese zumo de frutas natural de naranja, zanahoria y mango porque no es tan dulce como el que venden en el supermercado (o sea, que estaba asqueroso) aunque le echen una cucharada sopera (sí, sí, sopera. No era de té), a leer las cosas (más de) dos veces antes de entregar las noticias a tu jefa y que se publiquen por error ferias donde no se celebran, a evitar leerme los comentarios previos de los libros a modo de introducción porque te desvelan el argumento (eso sí que fastidia. NO os leáis el comentario de “Los Miserables”) a menos que lo hagas una vez terminada la lectura,  y otras meteduras de pata de mayor o menor consecuencia.

Debido a estos errores, se aprende a encauzar o definir mejor lo que uno quiere. Al fin y al cabo, nos movemos por conseguir aquello que nos dé alguna satisfacción o realización de uno mismo o nos ayude a seguir mejorando. En definitiva, sí, la mejor vida es la del estudiante. Si uno acepta e interioriza la actitud de aprender, la de ser estudiante y tener curiosidad por conocer lo que le rodea, entonces encontrará siempre algo nuevo que descubrir aunque pase el tiempo. Cuando existe la intención de aprender y se efectúa, se convierte en una actividad placentera. No es vista como un suplicio a eludir en la menor oportunidad que se presente, sino que el paso del tiempo se siente y se valora mejor, lo que conlleva a disponer de él como se quiera. Nunca sabes lo que te tocará vivir y no viene mal estar preparad@.

lunes, 8 de agosto de 2011

Soliloquios de una miope

Se me acaba de romper la patilla derecha de mis gafas de ver. Teniendo en cuenta que dependo absolutamente de un trozo de plástico con dos lentes para ver se trata de una completa desgracia. No puedo ver con nitidez las caras de mis hermanos, ni la pantalla del ordenador, ni las letras del libro que me estoy leyendo.

Un fino trocito sobrevive como nexo entre la patilla y las gafas con tanta desesperación como una mano colgando de un precipicio.

Es absurdo que me ponga las lentillas ahora, ya que dentro de un rato me acostaré...

En 'Ensayo sobre la ceguera', de José Saramago, se relata la vida de unas personas que se quedan ciegas de repente y lo ven todo de color blanco lechoso. Es lo primero que se me ha venido a la mente. Tras finalizar la lectura se le queda a uno un miedo por la posibilidad de quedarse ciego terribles.

Mañana voy corriendo a comprar pegamento fuerte. Ojalá sea suficiente...

jueves, 28 de julio de 2011

Saludo español

Una de las costumbres españolas más bonitas es el saludo. Sí. Este gesto tan cotidiano y simple significa, además de su significado obvio, la estimación, el cariño o la importancia que la otra persona representa para nosotros. En un breve instante nos informamos del estado anímico y nos interesamos en las vidas del otro empezando con dos besos en las mejillas.

Hoy tenía una comida con las compañeras del trabajo. Era la primera vez que me quedaba a comer con ellas. Me quedé para celebrar el inicio de las vacaciones de verano y, de paso, conocernos mejor más allá de las paredes de la oficina. Mis compañeras tienen la costumbre de comer en el mismo restaurante cada jueves. Con curiosidad por conocer ese lugar tan habitual para ellas pero tan novedoso para mí, caminamos bajo el tórrido sol madrileño unas manzanas.

Nada más entrar al restaurante hubo un alboroto de origen desconocido que exaltó a todos los hombres. Se pusieron a aplaudir efusivamente entre vítores como si fuésemos famosas con escotes generosos pisando la alfombra roja. Me quedé tan estupefacta ante tal bienvenida que no supe muy bien qué cara poner. O son unos señores verdes muy salidos o de verdad existe una sincera relación afable entre ellos. Menos mal que era lo segundo. No hubiese sido capaz de disimular mi repugnancia cada jueves. Todo eran ‘holas’ y besos por aquí y por allá, carcajadas bien sonoras y piropos lanzados sin destinataria concreta. Con los ojos como platos, mi azoramiento y yo buscamos nuestra mesa reservada con cierta avidez. Si se hubiese levantado algún señor desconocido a darme dos besos no hubiese sido una actuación rara en este contexto.

Sin embargo, esto parecía un banquete. La comida, de ración generosa, era deliciosa, como si se comiese en casa de la abuela. Los camareros eran encantadores, como si fuesen mulatos que sirven cócteles en las piscinas de hotel de cinco estrellas. Fue una primera impresión que me dejó muy sorprendida porque en un sitio reducido, modesto y familiar corroboré esta estupenda costumbre. Y todo empieza por darse dos besos en las mejillas. Muaks, muaks.

miércoles, 13 de julio de 2011

Enamoramiento por Javier Marías

Cuando conoces a una persona de oídas no sueles tener una curiosidad muy grande por ella hasta que descubres un rasgo que atrae por completo toda la atención que antes no echabas en falta. Esto es lo que me ha ocurrido con el escritor Javier Marías. Mi falta de conocimiento sobre autores contemporáneos me obligó a realizar una pausa con los autores clásicos, no sin cierta reticencia ya que tenía miedo de decepcionarme. En la literatura clásica, casi siempre me gustaba lo que leía; quería buenos libros y ahí estaban.
Se supone que como ‘buen periodista’, uno debe seguir la actualidad todos los días. Lejos de considerarme una experta en temas de actualidad – lo cual justifico en parte por la inmensa cantidad de información que muere casi al mismo tiempo que nace – hice un pequeño esfuerzo.

¿Por dónde empezar? Bueno, eso era sencillo. Bastaba con acudir a esa maraña de actualidad y elegir a un columnista. Había varios candidatos: Javier Cercas, Rosa Montero, Javier Marías, Juan José Millás, Almudena Grandes o Elvira Lindo. Sí, todos escriben en ‘El País’. Ya señalé que hice un pequeño esfuerzo. No me fui muy lejos. Todos ellos me gustaban, pero claro, unos más que otros. Javier Marías ganó. No sé muy bien por qué. Digamos que fue una especie de amor a primera vista.

Acto seguido indagué su biografía y su bibliografía. La verdad es que impresionan tantos premios, los cuales no supe situar geográficamente. Resté importancia a esto porque no eran esenciales. Después vi que había publicado hace pocos meses su última obra, ‘Los Enamoramientos’. Con ansias de conocer más sobre él me compré el libro en un impulso como si se tratase de unas prendas en rebajas y lo empecé a leer con avidez. En cuestión de pocas páginas me asombré de la elegante narración. Su gran intelecto quedaba demostrado siempre en la columna dominical de ‘El País Semanal’. Pero leer su faceta narrativa fue como haber hallado un enorme tesoro. Todos los domingos leía su condensado fragmento por costumbre, pues solía estar de acuerdo en lo que decía y mi capacidad crítica se diluía al poco de empezar, y resulta que el señor es toda una eminencia. No me voy a parar a escribir alabanzas sobre él (ya que por desgracia no le conozco en persona. Ojalá. O bien porque esa visión crítica se me cayó en alguna línea suya. Ya sé que no debería si quiero ser una ‘buena periodista’. Por cierto, un tema que podría desarrollar algún día por aquí) ni a escribir reseñas de su libro (habrá críticos que lo harán con mejor labia que yo). Empiezo a conocer muy emocionada a otro escritor y, cada domingo ,lo encontraré en el mismo sitio, espero, que durante muchos años más.

Por cierto, la foto de portada del libro 'Los enamoramientos' es de lo más íntima.
- Moraleja: me encanta Javier Marías.
- Segunda moraleja: la chispa de la vida se encuentra en el continuo cambio. Desviarse de lo conocido a veces trae recompensas que la seguridad nunca nos proveerá.


sábado, 2 de julio de 2011

Cuatro Cuartetos (V) - T. S. Eliot

Las palabras se mueven, la música se mueve
sólo en el tiempo; pero lo que está sólo vivo
sólo puede morir. Las palabras, después del habla, tienden
al silencio. Sólo por la forma, la estructura,
pueden las palabras o la música alcanzar
la calma, como un jarrón chino sigue
moviéndose perpetuamente en su calma.
No la calma del violín, mientras dura la última nota,
no eso sólo, sino la coexistencia,
o, digamos, que el fin precede al comienzo,
y el fin y el comienzo siempre estuvieron ahí
antes del comienzo y antes del fin.

Y todo es siempre ahora. Las palabras se esfuerzan,
se agrietan y a veces se rompen, bajo la carga,
bajo la tensión, resbalan, se deslizan, perecen,
se deterioran de imprecisión, no se quedan en su sitio,
no se quedan quietas. Voces chillonas
regañando, burlándose, o meramente charloteando,
las atacan siempre. La Palabra en el desierto
es atacada sobre todo por voces de tentación,
la sombra que grita en la danza funeral,
el ruido lamento de la quimera desconsolada.

El detalle de la estructura es movimiento,
como en la figura de las diez escaleras.
El deseo mismo es movimiento
no deseable en sí mismo;
el amor mismo no es móvil,
sólo la causa y el fin del movimiento,
sin tiempo, y sin deseo
excepto en el aspecto de tiempo
captado en la forma de limitación
entre des-ser y ser.
De repente en un dardo de luz del sol
aun mientras se mueve el polvo
se levanta la risa escondida
de niños entre el follaje
deprisa ahora, aquí, ahora, siempre-
ridículo el baldío de tiempo triste
extendiéndose antes y después.

Cuatro Cuartetos (IV) - T. S. Eliot

El tiempo y la campana han sepultado el día,
la nube negra se lleva allá el sol.
¿Dará la vuelta el girasol hacia nosotros, se doblará
abajo la clemátide, se inclinará a nosotros;
se agarrarán y aferrarán la ramita y el zarcillo?
¿Gélidos
dedos del tejo se enroscarán
sobre nosotros? Después de que el ala del martín pescador
ha respondido luz a la luz, y queda callada, la luz sigue
estando en el punto fijo del mundo que da vueltas.

miércoles, 29 de junio de 2011

Cuatro Cuartetos (III) - T. S. Eliot

Aquí hay un lugar de desafección
tiempo de antes y tiempo de después
en una luz mortecina; ni luz del día
invistiendo a la forma con lúcida calma
convirtiéndo la sombra en transitoria belleza
con lenta rotación que sugiera permanencia,
ni oscuridad que purifique el alma
vaciando lo sensual con privaciones
limpiando los afectos de lo temporal.
Ni plenitud ni vacío. Sólo un chisporroteo
sobre las tensas caras abrumadas de tiempo
distraídas de la distracción por la distracción
llenas de fantasías y vacías de significado
hinchada de apatía sin concentración
hombres y trozos de papel, arremolinados por el viento
         frío
que sopla antes y después del tiempo,
viento que entra y sale de los pulmones nada sanos,
un tiempo de antes y un tiempo de después.
Eructos de almas sin salud
al aire marchitado, lo torpe
empujado al viento que barre las lúgubres colinas de
         Londres,
Hampstead y Clerkenwell, Campden y Putney
Highgate, Primrose y Ludgate. No aquí
no aquí la tiniebla, en este mundo que trina.

Descended más abajo, descended solamente
al mundo de la perpetua soledad,
mundo que no es mundo, pero lo que no es mundo,
oscuridad interior, privación
y falta de toda prioridad,
desecación del mundo del sentido,
vaciamiento del mundo de la fantasía,
ineficacia del mundo del espíritu;
éste es el único camino, y el otro
es el mismo, no en movimiento
sino abstención de movimiento; mientras se mueve el
           mundo
en apetencia, en sus metalizados caminos
de tiempo pasado y tiempo futuro.

Cuatro Cuartetos (II) - T. S. Eliot

Ajo y zafiros en el fango
se cuajan en el eje atascado.
El cable vibrante en la sangre
canta bajo cicatrices nunca envejecidas
apaciguando largas guerras olvidadas.
El baile a lo largo de la arteria
la circulación de la linfa
están cifradas en la deriva de las estrellas
ascienden al verano en el árbol
nos movemos en torno al árbol móvil
en luz sobre la hoja cifrada
y oímos sobre el empapado suelo
de abajo, al perro y al jabalí
prosiguiendo su ordenación como antes
pero reconciliados entre las estrellas.

En el punto fijo del mundo giratorio. Ni carnal ni sin
            carne;
ni desde ni hacia; en el punto fijo, allí está la danza,
pero ni detención ni movimiento. Y no lo llaméis fijeza,
donde se reúnen pasado y futuro. Ni movimiento desde
            ni hacia,
ni subida ni bajada. Excepto por el punto, el punto fijo,
no habría danza, y sólo está la danza.
Sólo puedo decir, ahí hemos estado; pero no puedo decir
            dónde.
Y no puedo decir cuánto tiempo, pues eso es situarlo en
            el tiempo.
La libertad interior respecto al deseo práctico,
el quedar desprendidos de acción y sufrimiento, desprendidos
            de las compulsiones
interiores y de las exteriores, pero rodeados
por una gracia de sentido, una luz blanca quieta y
            móvil,
Erhebung* sin movimiento, concentración                               (*elevación) 
sin eliminación, habiéndose hecho explícitos
tanto un nuevo mundo como el viejo, entendidos
en el complementario de su éxtasis parcial,
la resolución de su horror parcial.
Pero el encadenamiento de pasado y futuro
tejido en la debilidad del cuerpo cambiante,
protege a la humanidad del cielo y la condenación
que la carne no puede soportar.
              El tiempo pasado y el tiempo futuro
no permiten más que un poco de conciencia.
Ser consciente no es estar en el tiempo
pero sólo en el tiempo es como el momento de la rosaleda,
el momento en la arboleda donde golpeaba la lluvia,
el momento en la iglesia con corrientes, al caer la niebla,
pueden ser recordados; entretejidos con pasado y futuro.
Sólo a través del tiempo se vence al tiempo.

lunes, 27 de junio de 2011

Cuatro Cuartetos (I) - T. S. Eliot

El tiempo presente y el tiempo pasado
están quizá presentes los dos en el tiempo futuro
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo el tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que podía haber sido una abstracción
que queda como una perpetua posibilidad
sólo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un solo fin, que está siempre presente.
Hay eco de pisadas en la memoria
allá por el pasadizo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos
a la rosaleda. Mis palabras tienen eco
así, en vuestra mente

                       Pero con qué proposito
agitar el polvo en un búcaro de pétalos de rosa,
no lo sé.
                      Otros ecos
habitan en el jardín. ¿Seguiremos?
Deprisa, dijo el pájaro, encontradlos, encontradlos,
a la vuelta de la esquina. A través de la primera puerta,
entrando a nuestro primer mundo, ¿hemos de seguir
el engaño del tordo? Entrando a nuestro primer mundo.
Allí estaban, dignos, invisibles,
moviéndose sin presión, sobre las hojas muertas,
y el pájaro llamó, en respuesta a
la música no oída oculta entre los arbustos.
Y la mirada del ojo sin ser vista cruzaba, pues las rosas
tenían el aspecto de flores que son miradas.
Allí estaban como invitadas nuestras, aceptadas y acep-
              tando.
Así avanzamos, y ellas, en orden formal,
a lo largo de la alameda vacía, hacia el círculo de boj,
para mirar en lo hondo del estanque vaciado.
Seco el estanque, seco el cemento, de bordes pardos,
y el estanque se llenó de agua salida de la luz del sol,
y el loto se elevó, callada, calladamente,
la superficie centelleó desde el corazón de la luz,
y quedaron detrás de nosotros, reflejándose en el es-
              tanque.
Entonces pasó una nube, y el estanque quedó vacío.
Anda, dijo el pájaro, pues las hojas estaban llenas de
              niños,
escondidos con emoción, conteniendo la risa.
Anda, anda, anda, dijo el pájaro; la especia humana
no puede soportar mucha realidad.
El tiempo pasado y el tiempo futuro
lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un solo fin, que está siempre presente.

lunes, 20 de junio de 2011

Avión hipersónico ZEHST

Acabo de leer una noticia bastante impactante en ‘El País’: el avión hipersónico ZEHST será capaz de recorrer la distancia entre París y Tokio en dos horas y media aproximadamente para 2.050  por 6.000 euros (ida y vuelta, como bien se señala).

Viajar ha sido una de las costumbres más antiguas del ser humano. Empezamos siendo nómadas en busca de alimento, luego decidimos asentarnos en un sitio fijo, idea sugerida, lo más seguramente, por una mujer a la que no le gustaba hacer ejercicio. Sea teniendo vistas al mar para pescar en sus aguas, sea en la montaña para preparar ensaladas o macedonias, la cuestión radica en que el asentamiento mencionado no ha sido un impedimento para nuestra evolución. Muy al contrario. Puso en marcha el ingenio para reducir las distancias de unos pueblos con otros. Así nacieron los ambiciosos proyectos de medios de transporte y las inextricables relaciones comerciales entre diferentes países, contribuyendo de este modo al desarrollo y evolución del ser humano en todos los ámbitos.

Esta imperiosa necesidad de viajar ha llevado al Director General de Innovación de EADS, una corporación europea industrial de la aeronáutica, a tener el valor o la locura  (o ambas cosas) de vaticinar que, para 2050, como quien dice ‘este fin de semana voy a tomarme un tinto de verano con mis amigos’ o ‘dentro de un mes me van a sacar la muela del juicio’, viajaremos cuatro veces más rápido que la luz. GUAU.

Cierto o no, lo que sí sabemos con certeza es que somos unos seres inquietos. Puede que viajar nos amplíe horizontes (menudo tópico) o nos guste solo por hacer turismo o conocer gente nueva (otro tópico, aunque tampoco es mentira). Me atrevo a afirmar que quizá nos gusta viajar simple y llanamente porque a la vuelta tenemos un hogar al que volver. Asentarse en un sitio fijo fue una idea estupenda. Sin ella, no habría ningún atrevido que afirmase rotundamente nuestra capacidad de ser más rápidos que la luz. Eso sí, pagando 6.000 euros. A lo mejor para entonces es un precio asequible para todos.

Enlace: http://www.elpais.com/articulo/internacional/avion/hipersonico/pasajeros/volara/2050/elpepuint/20110620elpepuint_7/Tes

jueves, 19 de mayo de 2011

15-M: el inicio de la revolución española

Es todo un orgullo poder afirmar que en España sí reivindicamos nuestros derechos. Las manifestaciones convocadas por Democracia Real Ya han sido la yesca que ha prendido el colmo de muchos españoles, los cuales han salido a la calle para demostrar ante todo el mundo la resignación, la frustración y el cansancio de tanto abuso político delante de nuestras narices.

Está en nuestras manos, en nuestro voto, en nuestro derecho como ciudadanos exigir una democracia auténtica, basada en la libertad de expresión, asociación y de manifestación. Unidos podemos crear un movimiento social para cambiar nuestra situación porque a todos nosotros nos incumbe. Sí, a todos. No se trata de favorecer o castigar a un partido político o a otro, sino de defender la Democracia. Una Democracia en la que participamos y decidimos TODOS.

Las elecciones municipales (22-M) son un primer paso. Puede parecer un hito insignificante, pero será la oportunidad ansiada por volver a demostrar el verdadero poder del ciudadano. No importa dónde empecemos. La cuestión es moverse empezando con pequeños pasos. Seguro que a buen ritmo podremos recorrer muchos kilómetros.

'Sé el cambio que quieres ver en el mundo' - Gandhi

Yo quiero vivir en una democracia real, ¿y tú?

domingo, 1 de mayo de 2011

Calma infusa

No sé por qué me siento en calma cuando en realidad debería estar preocupada. Varios deberes ineludibles rondan mi cabeza con su imperiosa e insistente presencia. En cambio, mi ánimo se siente eximido. Esto no quiere decir que me olvide de dichos deberes y me vuelva una irresponsable. Cada vez soy más consciente del paso de los días. Mi vida ha empezado a cobrar velocidad. El significado del paso del tiempo se vuelve más nítido que hace unos años. ¿Envejecimiento? No, madurez.

Planes trazados al principio de la carrera han mutado en unos mucho más específicos., incluso, se han visto aumentados. Han sido pulidos con un diluvio de dudas entre enzarzadas discusiones y son fruto de un persistente pensamiento siempre presente en la retaguardia.
Con la licenciatura en mi área de visión empiezo a plantearme más en serio el transcurso de mi vida. Sería hipócrita si dijese que no estoy preocupada, pero lo estoy menos de lo esperado. A lo mejor se debe a una confianza y seguridad ciega en mis posibilidades que, para tratarse de autoestima, se encuentra en niveles altos; más bien sería optimismo. Aunque suelo ser una persona con visión pesimista, después mi actitud la contradice. En el fondo, intento ver el lado positivo de todo. Sacar los defectos es mucho más fácil que las virtudes. Y como no quiero quedarme enquistada en una sola posición, procuro moverme en otros terrenos desconocidos.

Otros pensamientos son los que provocan mi distracción en mi deber, los cuales son responsables de producir una miríada y alborozo de indefinibles tamaños en mí. No reniego de ellos porque disfruto, pero me da lástima saber que son pasajeros. Si me aferrase a ellos andaría en un limbo. Sería una zombie y no es muy alentadora esa imagen.

Confío en una fe ciega (ya podría ser visible para evitar tanta flaqueza) que me irá alumbrando, por eso no me preocupo. Quizá crea en promesas escurridizas, las cuales solo se dedican a jugar con mi mente, más maleable que la plastilina, pero sirven para recobrar fuerzas y renovar esperanzas, además de plantear nuevas formas de abordar un problema. Lo dicho, estoy en calma. Y mientras aguardo a que se presente la próxima señal esclarecedora de mi situación, estaré haciendo deberes insulsos que solo levantan ampollas en los pies e imaginando bellezas que solo cobran su máximo esplendor y sentido en mi interior. Me gusta divagar... (suspiros...) luego vuelvo...

miércoles, 13 de abril de 2011

El verdadero valor de 1,35€

Había inaugurado un libro obligatorio de una asignatura para conocer qué hallaría en él cuando entró mi madre con una carta para mí. Era del Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid. Dicho coloquialmente, de la gente que fabrica los abonos mensuales. Contexto: había perdido mi abono hace una semana aproximadamente y solicité uno nuevo. Fin del contexto.

Abro la carta. Lo primero que saco es el plástico. Observo. Esta foto me suena. Escudriño con afán como si dicho trozo de plástico no me estuviese revelando toda la información que espero encontrar en ella. Al final me doy cuenta de mi absurda vacilación y entro en razón. Es el abono que había perdido. Al principio, me alegro un montón porque ya había consumido dos metrobuses con tal rapidez que me veía arruinada por comprar un billete cada semana, sin tener en cuenta que hacía trayectos andando. Continúo. Mi alegría aumenta más rápida que la espuma de la cerveza; ya no hace falta seguir desembolsando 9,30 €. No obstante, después caigo en la nueva solicitud. ¿Entonces me enviarán otro? No creo. Me han devuelto el anterior. Deducción siguiente: entonces, ¿qué pasa con el 1,35€ que pagué por hacerme uno nuevo?
¡Qué tontería! He recuperado mi abono extraviado. 'Han tenido un gesto cívico conmigo'. Pero esa aparente y nimia cantidad de dinero que he pagado, ¿no me la devuelven? Soy consciente de que la anterior frase suena a una persona ruin. En cambio, no creo que sea así. Arguyo:
- El abono mensual ya está pagado. Es MI abono, por lo tanto, es el deber del consorcio devolverme un billete por el que ya he pagado.
- Si son capaces de devolverme mi abono, ¿qué les impide devolverme el dinero? ¿Por qué se lo quedan?
- 'Anda, ¿cómo te van a devolver eso?' Pues, por ejemplo, en billetes sencillos.
- ¿Dónde reclamas? ¿Qué haces? Pues, de momento, aguantarme. Podría caer en calificativos vulgares, pero intento evitarlo. No me atrevo a afirmar categóricamente, pero no he oído nunca que te devuelvan el dinero por ello.
- 'Ya, pero que es solo un euro y pico'. Ya lo sé. Sé perfectamente el dinero que he entregado. Pero un euro mío, otro tuyo, otro euro del vecino y otro del señor que pasa con su perro, pues ya hacen 4€ que se han quedado sin justificación alguna. ¿Qué derecho les da a ellos de apropiarse de un dinero por un servicio que no realizan? O me dan un nuevo abono (cosa que ya no tendría sentido) o me lo reembolsan porque tienen mi dirección. Si no utilizan la dirección del titular para este tipo de casos, no entiendo para qué quieren los DNI y los códigos postales de la gente.

Aún así, lo cómodo y lógico es no protestar y conformarse y, encima, agradecer que te hayan devuelto un abono que te pertenece por completo y que la única pérdida que hayas tenido sean los dos metrobuses que has tenido que pagar a pesar de haber pagado por un billete mensual (a ver cómo justificas que tenías un abono. Con el tiquet, sí ¿y la tarjetita de color?) y haber perdido en todo este trámite un euro y pico.


sábado, 9 de abril de 2011

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (5/5)

Llegó el Hada.
Volvía con su dorado canastillo. En él brillaban solo cuatro dádivas porque faltaba la Muerte. Y el Hada explicó la razón de ello:
- La he entregado a un niño que acaba de nacer. Era el amor más grande de su madre. Como el niño no podía elegir, me pidió que eligiese yo por él. Lo mismo hubiera hecho contigo de tener tú la confianza en mi sabiduría.

- ¿Y entonces qué me resta? - preguntó el hombre.
- Lo que, en verdad, has merecido: la grotesca injuria de la vejez.

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (4/5)

- Vuelve a elegir.
Era la voz del Hada. 

- Me quedan dos presentes que ofrecerte. No te aflijas. Todavía puedes elegir el más precioso. Nadie se lo ha apropiado.

- Venga, la Riqueza, que es poder - gritó el hombre-. Sí; venga a mí la Riqueza. Debí estar ciego cuando no la elegí desde el primer instante. Ahora tendrá la vida para mí algún significado. Ahora la vida será digna de vivirla. Derrocharé el oro, dispararé mis bienes, deslumbraré con mis pedrerías. Los miserables gusanos que se burlaban de mí y me despreciaban, tendrán que adorarme desde el cieno en que se arrastran. Y me gozaré de su humillación. Tendré todas las comodidades del lujo, todos los placeres, todos los goces del espíritu y todas las satisfacciones de la carne. Compraré, sin regateos, la deferencia, el respeto, la estimación, los honores y, en suma, todo el oropel que lanza al mercado social la humanidad estúpida. Ciertamente he perdido mi tiempo antes de ahora. Elegí siempre desatinadamente, sin duda, por mi falta de experiencia. Hoy es otra cosa.

Tres años más tarde, el hombre se estremecía de frío y de hambre en una sórdida buhardilla. Estaba flaco, descolorido, ojeros y en harapos. Mientras roía un mendrugo, musitaba:
- ¡Malditos sean mil veces los dones de la vida!... Todos ellos son una cruel burla y doradas mentiras. ¿Los llamé dones? Hice mal; no son dádivas, sino simples préstamos usurarios: Placer, Amor, Gloria y Riqueza son, en suma, los disfraces temporales de estas cuatro realidades eternas: Dolor, Desengaño, Oprobio y Miseria. El Hada habló la verdad: en el dorado cestillo solo había una dádiva preciosa, un a dádiva inapreciable... Al lado de ella, todas las demás son inmundas baratijas. ¡Venga a mí ese último presente, a cuya posesión sigue el adormecimiento definitivo del dolor que atenacea el cuerpo, y de las aflicciones y vergüenzas que roen el corazón y el espíritu... ¡Venga a mí esa dádiva postrera!... Estoy cansado y quiero dormir sin tregua.

miércoles, 6 de abril de 2011

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (3/5)

- Elige una tercera vez - le dijo el Hada. Y añadió: - Los años te habrán dado experiencia. Quedan tres dádivas. Pero sólo una de ellas es preciosa. Tenlo presente.


Recapacitó el hombre largo espacio y acabó por escoger la Gloria. El Hada se alejó exhalando un suspiro.

Pasó el tiempo y, nuevamente, volvió a presentarse el Hada a su predilecto. Lo encontró solitario y pensativo, envuelto por la luz gris de un ocaso invernal. Y el Hada leyó en el pensamiento del solitario:


<<Mi nombre llenó el mundo y fue aclamado por todas las lenguas. Pero mi triunfo duró poco. Luego me acometieron, implacables, la envidia, la maledicencia, la calumnia y el odio. Después clavó en mí sus garras el ridículo; el ridículo que es el principio del fin. La última en aparecer fue la compasión, que es el funeral de la fama... ¡Oh, cuán amargo manjar el renombre!... El renombre es un magnífico blanco para cubrirse de lodo en sus comienzos, de vilipendio y lástima en las postrimerías>>.

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (2/5)

Tornó a aparecer el Hada. Sonriendo de un modo enigmático, murmuró:

- Quedan cuatro dones. Te permito elegir de nuevo, siempre que elijas deprisa. Acuérdate que el tiempo vuela y que sólo una de esas dádivas es preciosa.

El joven reflexionó unos momentos y eligió el Amor, sin advertir que de los ojos del Hada se habían deslizado dos lágrimas.
Transcurrieron muchos años.
Una noche, el predilecto del Hada se encontró arrodillado junto a un féretro. El hogar quedaba vacío. Entonces, el hombre se dijo entre sollozos:

- Se han ido uno a uno. Ahora le tocó a ella el turno. Ha devorado todos los dolores. Por cada hora de felicidad que me vendió ese falaz mercader llamado Amor, pagué mil horas de duelo. Y puesto que ella se lleva mi corazón, ¡yo te maldigo, oh Amor!

sábado, 2 de abril de 2011

Las Cinco Dádivas del Hada - M. Twain (1/5)

En su primavera de la vida, llegóse el hada y le dijo, descubriendo suavemente su cestilla de oro:

- He aquí mi ofrenda. Son cinco bellas dádivas. Pero no puedes apropiártelas todas de una vez. Elige una y deja las otras. Sé precavido y escoge con cautela, pues sólo una de esas dádivas es preciosa.

Las dádivas eran cinco: Gloria, Amor, Riqueza, Placer y Muerte.

- No tengo por qué pensarlo - contestó apoderándose del Placer.
Poco a poco fue averiguando que todo goce es breve y asesino de una ilusión; que al deseo sigue el hastío, y que el deleite huye pronto, haciendo una mueca de repugnancia.
Y el jovenzuelo pensó: "¡Lástima del tiempo perdido!... Si pudiera elegir otra vez, ya sé por lo que me decidiría".

lunes, 28 de marzo de 2011

Mi pelota está en un tejado de París

Estaba tomando un café con mi amiga Rachel en Argüelles para hacer tiempo antes de ir a clase. Hablábamos sobre el día después de la carrera, de otros proyectos que teníamos en mente. No recuerdo muy bien cómo pero (si no es así, que ella me corrija) le dije que me interesaría hacer un máster sobre literatura, entre otras muchas cosas que me gustarían hacer. Y de literatura a profesor de Simbolismo, la pelota cayó en París. Me propuso Rach, "¿Y por qué no vas a estudiar francés a París?" Me quedé atónita. ¿Cómo no se me había ocurrido esa opción? En mi fuero interno sí que quise visitar la ciudad, pero al igual que muchas otras ciudades europeas. como Londres, Lisboa o Praga. ¿Por qué no asocié antes el estudio con el placer?
Miré por enorme ventana del Starbucks. Olía a vainilla y a servilleta húmeda. Los coches pasaban de largo continuamente, los semáforos repetían su serie de colores con exactitud , la gente pasaba con el pelo revuelto en el viento; y yo me tomaba un café sentada... ¿No podría hacer lo mismo en París? Y ya mi voluptuosa imaginación empezó a filmar escenas en la capital francesa... ¿Por qué no? Caminaría por calles que han sido pisadas por los grandes de la literatura 'universal' (aunque según mi profesor de literatura, este término no es correcto en ese contexto): Balzac, Victor Hugo, Flaubert, Mallarmé o mi estimado Baudelaire entre otros escritores legendarios... Me puse a soñar con la famosa ciudad como hizo Madame Bovary en su momento...  Igual, aburrida de estar en un 'pueblo'... Debo admitir que estuve bastante ausente en ese momento. En lugar de preocuparme por el examen tipo test de empresa que tenía en menos de una hora e intentar memorizarme a última hora lo que no había hecho el fin de semana,  mi mente estuvo barajando esa posibilidad AHORA.

Un nuevo camino ha sido allanado por un simple comentario. Estarás contenta, guapa. Ahora se me ha metido en la cabeza irme a París.

domingo, 20 de marzo de 2011

Cita encontrada por (supuesta) casualidad

La escritura es un oficio y hay que aprender a apartarse, debes saber desechar para poder contar lo que debes decir. Hay muchas interferencias, inconvenientes, fallos, socavones en los que caer de cabeza...

- Ana María Matute.

martes, 15 de marzo de 2011

Grietas en la acera

Cuando una persona tiene en mente un plan (o varios, siempre hay que aspirar a lo más grande) y decide traerlo a la realidad se convierte en una persona segura. Una confianza de origen desconocido inunda el ánimo como por arte de magia. En un instante, la cabeza va erguida, la actitud es denodada, la  voz  es directa ,y los pasos son tan firmes que no sería extraño dejar como huellas unas profundas grietas en la acera. Pum, pum, puuuum. La suela se va desgastando. No pasa nada. Se vuelve a poner otra.
Pero el gran indicador es la mirada. Unos ojos rutilantes, devastadores, soberbios, embriagadores, sagaces y , al mismo tiempo, cándidos e inocentes. Todo esto cabe en una mirada decidida.

Aunque se esté dentro de una vorágine, siempre se encuentra la forma de salir, sea nadando, sea volando. O simplemente caminando. Pero se sale. A veces, la razón no entiende esas reacciones. Se vuelve loca intentando encontrar una explicación a ese cambio de actitud. Se entretiene tejiendo y enlazando unos comportamientos con unas frases. Se hace preguntas absurdas y araña con timidez el nuevo estado . Esa convulsión interna no es la actitud habitual. ¿Qué es lo que ha cambiado? Por otro lado, la conciencia ya le lleva una gran ventaja porque conoce, desde el mismísimo nacimiento del plan, su gran cometido.
No hace falta leerse tomos enteros de filosofía ni aprenderse varias fórmulas matemáticas para hallar la solución. Es muy simple: el sueño. No me refiero al sueño de 'ahhhggg, tengo sueño'. No. Me refiero al sueño de imaginarme un 'otro yo' (un 'alter ego' en términos cultos) que me gusta ver. Esa imagen en la que aparezco más bella, o poderosa, sabia, rica, famosa, cualquiera de esos (supuestos) estados idílicos.
Piensa en uno. Sí, piensa bien. No es broma. Imagínatelo. ¿Seguro que ese es tu sueño? A ver, he dicho  un sueño, no un deseo. No confundamos términos. Son parecidos pero cada uno tiene su matiz. Piensa de nuevo. Y bien, ¿ya lo tienes?, ¿lo ves? ¿Sí? ¡Pues, deja de soñar y decídete a cumplirlo!

p.d. Y si tienes dos o tres, o cuatro o más,¿entonces, qué haces que no los cumples?
p.d. Si ya los tienes en marcha, eres muy afortunad@. Felicidades, de veras.

viernes, 11 de marzo de 2011

Déjà vu obrero

Leyendo 'Le Monde Diplomatique', en el artículo 'Fiat, el gran salto hacia atrás', de Pascual Serrano, me he llevado indignantes sorpresas cuando aún no me había recuperado de la anterior. En pocas líneas resumo el artículo: un acuerdo de Fiat chantajea a los trabajadores de la fábrica de Mirafiori (Turín). El administrador delegado de la industria automovilística italiana, Marchionne, establece prohibiciones, entre las cuales, destacan las siguientes:
 
1. No se puede constituir una representación sindical propia, ni existe permiso sindical para sus dirigentes.

2. No pueden convocar asambleas, ni pueden utilizar el local sindical para sus reuniones. Tampoco pueden publicar sus comunicados en el tablón de anuncios.

3. Jornadas de diez horas/día con ocho en cadena de montaje sin comer. Además, la empresa puede ordenar unilateralmente trabajar hasta 120 horas extraordinarias.

Fiat promete invertir mil millones de euros para la producción de una nueva generación de turismos y todoterrenos. De este modo, la fábrica continuaría funcionando. Si no se está de acuerdo, pues se escinde el contrato. Es decir, que se llevarían la fábrica a otra parte, externalizarían su fábrica a algún país tercermundista y fomentarían el desempleo en su propia tierra.

La gota que colma, no el vaso, sino la jarra, es que Berlusconi afirmó que, si los trabajadores votaban que 'no' al referéndum, la empresa tendría buenos motivos para irse a otros países. Por ello, los trabajadores se han visto obligados a firmar este vergonzoso acuerdo con algo más de la mitad de los votos cobrando uno de los sueldos más bajos de Europa, según el autor. Pero esta mayoría está constituida, sobre todo, por los ejecutivos y empleados de los concesionarios, ya que los obreros votaron lógicamente en contra.
No obstante, estos trabajadores mangoneados han encontrado el apoyo de sindicatos, encabezados por Fiom, y de intelectuales nacionales de renombre. En enero se manifestaron y consiguieron atraer la atención de otros obreros con vistas a continuar reivindicando sus derechos.

¿Es que es necesario otro Movimiento Obrero para volver a exigir unos derechos que, en realidad ya están reconocidos? ¿Hay que volver a recordarles los objetivos de la II AIT, 'Las Tres Ochos' (8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de ocio instructivo)? Estamos retrocediendo más de un siglo de nuestra Historia para reclamar unos derechos que ya son nuestros, que ya están legislados en unas leyes, y que se aplican en la práctica. Pero parece que algunos empresarios vestidos con sombreros de copa se piensan que vivimos en el siglo XIX, en una sociedad en la que pueden eliminar, de una bocanada, todo el esfuerzo de los obreros mientras descargan la ceniza de sus puros en las cabezas de los obreros.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Sexualidad en el césped

Mientras hacíamos tiempo hasta la siguiente asignatura (ética con Porfirio. Algún día hablaré de él), mis amigas Rachel, Clara, Madi y yo nos sentamos en el maltratado césped que hay detrás del edificio nuevo de la facultad. No sé muy bien cómo, puede que fuese la tibia luz del sol, el cansancio de no haber dormindo bien o porque habíamos escrito una mísera cara de folio en redacción que nos apetecía hablar de temas superfluos. Y acabamos hablando de hombres desviados/pervertidos que nos habían abordado o que habíamos visto abordar a otros. Menudas risotadas nos hemos dado al aire libre.

No voy a reproducir la conversación aquí porque igual me censuran el blog y acabo de estrenarlo. Pero lo que sí fue llamativo fue la cantidad de personas de semejante índole viviendo entre nosotros. De toda la  variedad de pervertidos, el pervertido number one fue el travesti que se encontró Clara en su bus de vuelta a casa de madrugada. Uno que ofrecía sus 'servicios' incluso de vuelta a casa. Para más pavor, los dos clientes que contrataron sus 'servicios' iban en el mismo autobús con el travesti. Aunque lo más gracioso fue que Clara y un chico con cascos fueron los únicos testigos. Bueno, el chico de los cascos no, pues no escuchó nada. La pobre Clara tenía tanto miedo que, cuando se apearon del bus todos los integrantes de la orgía, tuvo que contarle al chico de los cascos lo sucedido. Me hubiera gustado ver la cara que puso el pobre. De repente aparece una chica desconocida y te cuenta la escandalosa situación. Inefable.

lunes, 7 de marzo de 2011

Primera tutoría del 2º cuatrimestre

Hoy asistí a mi primera tutoría de Sistemas mundiales de la información, una asignatura que, por el momento, no ha entrado en el 'sistema' aún. Con la excusa de ir a entregarle la ficha al profesor, David Álvarez Rivas quería aprovechar esos pocos minutos para mantener una sencilla presentación personal con el alumno. En ningún momento pensé que fuese a ver a un ogro, más que nada, porque no tiene en absoluto aspecto de serlo. En realidad me sorprendí bastante, ya que fue una conversación muy cordial y desenfada. Bueno, no tan desenfadada porque nos tratábamos de 'usted'. Este formalismo es lo de menos. Me gustaría decir que el profesor fue muy amable conmigo y que se ofreció a ayudarme en cualquier asunto que tuviese que ver con la asignatura, o que si necesitaba firmas de profesores para pedir becas o cualquier favor de este tipo, no dudase en acudir a él.

Este inesperado ofrecimiento me ha hecho recordar que no todos los profesores de la universidad son 'malos'. Podría haber dicho 'mediocres', 'pésimos' o 'estúpidos', pero sería como consultar el diccionario de sinónimos. Tras empezar mi quinto y último año de carrera (si Dios quiere, claro) puedo afirmar que en la Universidad Complutense de Madrid (¡Qué rimbombante suena así!) hay muy buenos profesores. Algunos imponen tanto que no eres capaz de mirarles a los ojos porque te sientes muy intimidado, pero después comprendes, eso sí, tras haber sufrido lo suyo, que has aprendido.

Después, si te atreves a subir a ese Olimpo de los profesores y hablas con ellos, resulta que sí que tienen su corazoncito y son muy amables. Algunos tienen un alma transparente, verdaderas estrellas de la universidad. Además, reafirmas tu opinión sobre ellos al final de curso: que son unas personas muy sabias.
Tachar a todos los profesores de la universidad con cualquier término peyorativo son una ofensa para aquellos que hacen bien su trabajo y que consiguen, después de todos los insultos, críticas y vituperios imaginables, cumplir con indudable éxito su cometido: enseñar.

Constancia


El buen funcionamiento de un blog empieza por mantener la constancia. Para coger el hábito de escribir unas breves líneas en este pequeño espacio reservado para escribir cualquier fugaz pensamiento que recorra mi cabeza, he decidido aprender a respirar de ella. Puede que el primer significado connotativo que se deriva de la constancia sea el de obligatoriedad. La obligación de hacer algo. Es redundante, pero, para dejarlo bien explicado, dicha obligación significa realizar una acción que no nace de nuestra voluntad. En cambio, como yo sí que quiero escribir y que este blog sea activo, mi intención es que la constancia se convierta en una aliada. Cambiar esa connotación de obligatoriedad en una voluntad.
Sin ánimo de parecer estar asistiendo a una clase de 'Introducción a las ciencias jurídicas' (bien servida que estuve en tercero con un profesor sumamente estricto y calvo), el propósito (siempre entusiasta cuando nace) es recordarme a mí misma que la constancia es necesaria para que el blog funcione. Y la verdad es que disfruto mucho escribiendo, aunque sea solo un poco. Son unos minutos que se dedican a pensar en una soledad imprescindible que, en su dosis ideal, es placentera y enriquecedora para uno mismo. Además, ayuda a apartarme del carril de la cotidianidad. De este modo, puedo hacer un balance de lo que he hecho hoy. Recordar qué momentos han sido gratos y cuáles no tanto. En definitiva, encontrar un tema que pueda desarrollar, pensar y escribir en el blog. Cualquier tema puede plasmarse aquí. Cierto que algunos serán más entretenidos, ingeniosos, interesantes y graciosos que otros, pero si mantengo esa constancia de la que empecé hablando y de la que vuelvo a mencionar para terminar este post, entonces, el acto de escribir no es complicado. La auténtica dificultad de escribir reside en hacerlo bien.

sábado, 5 de marzo de 2011

La llegada

Estreno mi primer blog. Ahora que soy consciente de su jugoso potencial, pretendo aprender a desenvolverme en él con fluidez. De momento, solo dejo escritas unas líneas para estrenar el vasto espacio que pienso rellenar con toda clase de flores, árboles, cardos, lagos y piedras. Espero que resulte un hermoso paraje.